Cristóbal, el “marrano” 2012-10-20

Mientras Colón partía con sus tres carabelas, comandadas por judíos o marranos, los seguidores de Yahvé en España debieron emigrar por orden de los reyes si no optaban por el bautismo.

Como se había insinuado en investigaciones anteriores, para algunos historiadores contemporáneos no cabe duda sobre la condición judía del descubridor de América o, mejor, parece que era un verdadero “marrano”.  
Si bien para los colombianos la expresión “marrano”, además de referirse al cerdo, tiene una connotación de tonto o imbécil, en la España del siglo XV señalaba a los judíos que se convertían al catolicismo como sinónimo de traidor o falso. Y como la mayoría de las conversiones judías obedecían a presiones indebidas de la Iglesia y la Corona bajo amenaza de deportación y pérdida de propiedades o negocios, muchos aceptaban el bautismo pero en privado seguían con sus tradiciones y rituales.  Esos eran los marranos.
Aunque Colón nació en Génova, una ciudad que en el siglo XIX formaría parte de Italia unificada de Garibaldi, sus primeros contactos en busca de ayuda para el viaje a las Indias Orientales los hizo en Portugal con judíos auténticos o que habían optado por el cristianismo.   Como no encontró apoyo, se dirigió a España, a pesar de la actitud violentamente antijudía de la torpe reina Isabel y buscó también los contactos en la religión de Moisés o en presuntos marranos. De hecho, en la administración pública de los Reyes Católicos, como en las empresas privadas, abundaban los judíos influyentes, pues desde muchos siglos atrás los hijos de Israel habían encontrado en la educación la mejor arma para mantener su unidad como pueblo en torno a la Torá y para hacer riqueza en territorio extranjero, mientras que el analfabetismo predominaba en otras naciones.Y fue precisamente un converso, Luis de Santángel, pagador de Castilla,“el hombre más poderoso de España” -Según Jacques Attali- quien respaldó el proyecto de Colón y logró convencer a los reyes de las bondades del viaje.
Mientras Colón partía con sus tres carabelas, comandadas por judíos o marranos, los seguidores de Yahvé en España debieron emigrar por orden de los reyes si no optaban por el bautismo.  Se calcula que la mayor parte de los 145.000 judíos desplazados terminaron en tierras del Islam pues se sentían más seguros allí que en ciudades cristianas.  Unos 93.000 llegaron a Turquía, donde el Sultán otomano los recibió con los brazos abiertos mientras se burlaba de la estupidez de los reyes españoles que desechaban todas las empresas y negocios que los judíos movían.
Otra escena violenta en este drama fue orquestada por  la Inquisición.  Como los judíos no podían ser perseguidos como herejes, pues no eran cristianos, la inquisición española convirtió en su objetivo judicial a los marranos o a todo judío que hubiese optado por el cristianismo.  Es más, parece, según recientes investigaciones publicadas por Andrés Claro, que el objetivo central de la inquisición española fue realmente el judaísmo, en particular la Cábala, y no los herejes (la Cábala es la versión teosófica y mística del judaísmo y había nacido hacia el siglo XII en el sur de Francia, simultáneamente con el movimiento hereje de los cátaros. La cábala pronto se desplazó a España y, después de la expulsión de los judíos en 1492, a Palestina y Europa).  El 99 % de los juicios establecidos por la Inquisición Española entre 1483 y 1500 tenían como causal la acusación de prácticas judías delos conversos.
Mientras un grupo de judíos llegaban a América para obtener un poco de libertad y para llenar de gloria a España y a la Religión Romana, miles de sus hermanos eran masacrados en toda Europa.  Se estaba preparando la venida de Hitler…