La Inquisición llega a Buenos Aires con una muestra de instrumentos de tortura 2012-09-03

Hasta principios del 2013 se podrán ver numerosos de los antiguos instrumentos que los inquisidores utilizaron para lograr las confesiones de sus acusados por medio de la tortura.

Organizada para inquirir y castigar los delitos contrarios a la fe católica, la Inquisición convirtió a partir del siglo XII, y con mayor énfasis en el XIV, en un método más que consolidado y extendido para perseguir herejes y también opositores políticos en todo el centro de Europa medieval, hasta verse potenciada en España por los Reyes Católicos que la exportaron a sus conquistas en América Latina. Duraría incluso con distintos plazos hasta 1834. Y claramente, algunos régimenes modernos la utilizaron en sus modos represivos.

Desde fines de la semana pasada y hasta principios de 2013, en Callao al 800, en el centro porteño pueden verse numerosos de los antiguos instrumentos que los inquisidores utilizaron para lograr las confesiones de sus acusados por medio de la tortura. Algunos son originales, otros son impresionantes copias realizadas  con antiguos materiales por selectos coleccionistas y que ahora en esta muestra auspicia el Ministerio de Patrimonio Cultural italiano.

A los catalogados como herejes –cataros y valdeses, pero luego judíos, musulmanes, protestantes y templarios- se los sentenciaba a muerte o sufrir los más delirantes pero efectivos calvarios para que confesaran sus crímenes. Claro, numerosos de esos instrumentos conducían a sus víctimas a la inmediata muerte. En otros casos a una larga agonía puesto que los instrumentos de tortura estaban preparados para causar el máximo dolor sin destrozar los principales órganos vitales.

La muestra que se exhibe en Buenos Aires contiene clásicos de la tortura como el largo tronco puntiagudo con el que se practicaba el empalamiento. Las víctimas podían quedar vivas hasta días. Otros de los instrumentos más espeluznante es la silla inquisidora, llena de puntas que perforaban el cuerpo por todas partes y a la que la mayor parte de las veces se calentaba con fuego; una suerte de sarcófago vertical conocido como “La virgen de Nuremberg” en el que se encerraba a la persona y se la atravesaba con largas puntas afiladas, el banco de estiramiento, la parrilla, un desgarrador de órganos genitales mayormente usado para las sospechosas de ser “brujas”; otra sierra para partir el cuerpo desde los genitales, y la clásica guillotina. Entre los instrumentos “más leves” están el rompecráneos, el quebrantarodillas, el aprieta pulgares, y el cinturón de castidad.

 

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