El ave Fénix a la luz de las velas 2012-03-29

La Sinagoga Portuguesa de Ámsterdam

La Sinagoga Portuguesa de Ámsterdam, conocida también como Esnoga o Snoge, no tiene electricidad. Dos grandes  candelabros de bronce sostienen un total de 1000 velas que se encienden para los servicios, brindando una luz tenue que recibe a los fieles. El piso está cubierto con una arena fina de acuerdo a la costumbre de los anusim, en remomeración de la época en los que los criptojudíos debían rezar en secreto, reuniéndose en sótanos para ocultarse de la Inquisición española.

A pesar de la arena y de la falta de electricidad, la Sinagoga Portuguesa de Holanda es una de las más majestuosas del mundo. Su tamaño y esplendor brinda un indicio de la tolerancia religiosa holandesa que reinaba en el año 1675, cuando fue inaugurada. De hecho, durante el transcurso de los siglos, muchos arquitectos que tuvieron a su cargo la construcción de otros templos judíos se inspiraron en la Esnoga. Su característico interior se convirtió en modelo para todo el mundo sefardí occidental.

Los marranos encontraron un refugio seguro

Como consecuencia de la Inquisición, muchos sefardíes (judíos españoles y portugueses) abandonaron la Península Ibérica a fines del siglo XV y a lo largo del siglo XVI en búsqueda de la libertad religiosa. Muchos de ellos se dirigieron hacia las nuevas e independientes provincias holandesas, ya que al ser independientes del reino de España, los judíos sefardíes de la Península Ibérica tenían la libertad de establecerse en aquellas tierras.

Muchos de los judíos que eventualmente se dirigieron a las provincias holandesas eran en realidad conversos o criptojudíos. Judíos que, aparentemente, se habían convertido al catolicismo pero que en realidad continuaron practicando el judaísmo en secreto.

Las provincias al  norte de los Países Bajos declararon independientes de España en 1572. Cuando en 1579 se declaró la independencia en la "Unión Utrecht" se estableció la libertad de religión para todos los residentes. Fue la primera vez en Europa que una ley garantizaba la libertad de religión. Fue precisamente esta disposición la que le otorgó a los marranos un refugio seguro, animándolos a retornar a sus raíces, a su religión y cultura judía. Durante la importante ola migratoria que tuvo lugar en el siglo XVII, muchos de ellos regresaron abiertamente a la fe judía después de establecerse en los Países Bajos. Estos ex anusim se referían a sí mismos como portugueses judíos para evitar que se los identifiquen con España a la luz del conflicto aún vigente en aquellos tiempos, entre la República Holandesa y España.

Los sefardíes adinerados llevaron a Ámsterdam dinero y desarrollaron el comercio. Entre ellos había también reconocidos médicos, rabinos y  filósofos, y familias pertenecientes a la aristocracia. Con la ayuda del incentivo y el ingenio judío, Holanda se transformó en una potencia colonialista, consecuentemente con la expulsión de los judíos españoles de España y el surgimiento de los marranos.

Curiosamente, en la Biblioteca antigua, al lado de la Biblioteca Española-Portuguesa hay una lista de miembros desde 1600. Al lado de cada nombre aparece un código que señala quien era marrano y quien no. Sin embargo, poco a poco, después de 50-60 años, el código desapareció. Después de un tiempo, todos se integraron a la comunidad mientras que los conversos reasumieron oficialmente la observancia del judaísmo y pasaron a practicar abiertamente su religión.

Los judíos eran los patrocinadores de los Grandes Maestros Holandeses.  Este es el motivo por el cual muchos de los motivos del arte holandés, por ejemplo la obra de Rembrandt, están relacionados con la temática judaica.

Él consagrado artista vivía en el barrio judío y recibía apoyo de algunos de sus habitantes. Muchos de sus temas incluyen el encendido de las velas de shabat, la novia judía, el rabino, escenas bíblicas del Antiguo Testamento  (por ejemplo, del profeta Jeremías). Dado que su trabajo como el de otros colegas, estaba respaldado por judíos, se ocuparon de estos temas .

A pesar de que el país protestante era tolerante hacia los judíos, la situación entre los protestantes y los católicos estaba lejos de ser idílica. En 1603, el rabino Uri Halevi llegó desde Alemania junto con un grupo de estudiantes para brindar conocimientos de cultura judía a los anusim. Un día, en la mitad de sus oraciones, que acostumbraban a llevarlas a cabo en secreto, fueron interrumpidos por un policía local que procedió a arrestarlos con la intención de desterrarlos de la ciudad. Solo después de convencer al policía de que ellos eran judíos, y no católicos, se les permitió llevar a cabo su tarea.

 

Levantándose de las cenizas

El 15 de noviembre 1670, Jajam Isaac Aboab (Da Fonesca) convocó a los Parnasim, los líderes de la comunidad  judía sefardí, para construir una nueva y gran sinagoga. El comité presentó rápidamente una propuesta en la que aconsejaban la compra de un lote de tierra de aproximadamente 30 metros de ancho y 40 metros de largo. Alrededor del sitio, sin que estén directamente conectadas con él, se sugería construir edificios bajos para instituciones educativas. El espacio interno del predio estaría destinado a una zona de paseo para que los niños puedan jugar libremente, "sin peligros externos".

Además, en la zona había tierras disponibles a bajo costo para construir viviendas para los fieles.

El diseño de la sinagoga, a cargo del arquitecto Elías Bouman, estuvo inspirado en un modelo del Templo de Salomón realizado por el rabino Jacob Judá León (1602-1675), que enseñaba religión en la escuela de la comunidad de los judíos portugueses. El costo total de la construcción fue de 186.000 florines, una suma imponente. Al momento de su inauguración era la sinagoga más grande del mundo.

Según el Codex Judío, el "shulján aruj", una sinagoga que no incluye una vivienda no necesita una mezuzá. Por este motivo, la Esnoga nunca tuvo mezuzá. La distribución interior contempla el plano sefardí ibérico: los bancos están dispuestos paralelos a las paredes laterales.  La arena fina que se esparce sobre el piso absorbe el polvo, la humedad y la suciedad del calzado de los congregantes y silencia el ruido de sus pasos.

El símbolo de la sinagoga, que en una época constituía el símbolo de toda la comunidad sefardita de Holanda, es el ave Fénix; él decora las paredes de la Esnoga y aparece en los documentos oficiales y sellos de la comunidad. El simbolismo es claro: como el ave Fénix, la orgullosa comunidad portuguesa, emerge de las cenizas contra viento y marea, a pesar de las persecuciones y las penurias de la Inquisición.

 

Los judíos de Ámsterdam en la actualidad

Más que cualquier otro país europeo, Holanda tiene fuertes influencias judías. La ciudad de Ámsterdam, con sus magníficos canales, fue construida por judíos, que la convirtieron en el puerto más grande de Europa.

La comunidad judía de Ámsterdam tiene algunas costumbres singulares. Durante la oración de Izkor (una plegaria en memoria de los parientes difuntos) se continúa mencionando las almas de los heroicos judíos quemados en los autos-de-fe de la Inquisición. Al rezar la "oración de gracias después de las comidas", el libro de las plegarias se mantenía debajo de la mesa, sobre el regazo; esta costumbre fue preservada por los descendientes de los anusim – y continuó cuando emigraron a Holanda y ya no tenían motivos para temer.

Ámsterdam tiene dos comunidades separadas: sefardí y ashkenazí. Los judíos ashkenazíes que desean orar en la Esnoga eran relegados a los bancos del fondo. Hasta mediados del siglo XX, las familias aristocráticas judías no permitían a sus hijos casarse con judíos ashekanzíes; después de la Segunda Guerra Mundial, a partir del hecho de que los nazis no distinguieron entre las congregaciones, esta brecha se cerró.

 

La judeidad holandesa surgió de una tragedia y volvió a afrontar otra tragedia en el siglo XX. La comunidad que floreció en el siglo XVII y de la que surgieron distinguidos rabinos, filósofos y comerciantes de renombre mundial fue destruida durante el Holocausto, cuando el 90% de su población judía fue asesinada por los nazis. Después de la guerra, solo quedaron 20000 judíos en todos los Países Bajos, incluyendo solo 800 sefardíes.

Milagrosamente, la Sinagoga Portuguesa  sobrellevó indemne la invasión nazi en 1940. Aún no se sabe cómo se mantuvo intacta mientras que otras sinagogas fueron destruidas.

Ámsterdam fue conocida en una época como la "Jerusalén del Occidente"; a pesar de que existe una presencia judía en la actualidad y la Sinagoga Portuguesa funciona,  fundamentalmente la ciudad conserva monumentos y testimonios de lo que fue alguna vez una próspera comunidad  judía.